El proyecto que puso en marcha la Asociación Bibliobús Anantapur hace algo así como un año y medio consta de varias líneas de trabajo que han ido tomando formando y adaptándose a la realidad encontrada.

En muchas ocasiones, por no decir siempre, surge una idea inicial de trabajo que va moldeándose como el barro en el torno, sin llegar quizás a tomar una forma definitiva. El éxito de un proyecto depende de su capacidad de flexibilidad y de adaptación al entorno y a las personas a las que se dirige.

Así ha ocurrido con este proyecto, que está compuesto de las siguientes patas:

1. Bibliobús. Se ha comprado una furgoneta que se está acondicionando por dentro para que sea el bibliobús que recorra las 16 aldeas del proyecto. Seguramente también dé servicios a colegios que al enterarse de su próximo funcionamiento han solicitado poder hacer uso de él. Este acondicionamiento se está realizando por personas con diversidad funcional, que están dentro de otro proyecto de la Fundación Vicente Ferrer. Así que dos proyectos diferentes están generando sinergias y beneficiándose mutuamente.

2. Bibliotecas en las aldeas. Comenzaron participando 8 aldeas a las que se unieron posteriormente otras 8 que ya tienen también su biblioteca. Es una biblioteca modesta conformada por un armario con 300 títulos. No está mal si partimos de que estos pueblos están en la zona con mayor índice de analfabetismo de la India.

Desde el comienzo del proyecto tanto las coordinadoras como voluntarias han estado dando formación básica bibliotecaria a las personas seleccionadas en cada pueblo para desempeñar el puesto de trabajo y que de esta manera adquieran autonomía. Se ha enseñado el registro de libros y el sistema de clasificación, el tejuelado y la ordenación y el sistema de préstamo. También han recibido formación en técnicas de animación a la lectura y lo harán en nuevas tecnologías y en habilidades básicas de alfabetización.

3. Historias de nuestro pueblo. Le dedicamos un post específico a esta actividad colectiva y colaborativa que tiene como fin un proyecto editorial de un libro en telugu, inglés y castellano.

Un trabajo muy llevado a cabo y exitoso porque creo que es difícil la implantación de un proyecto que esté funcionando en tan poco tiempo y que además la comunidad lo sienta como suyo y se vuelque con él.

En este sentido, retomo las reflexiones rápidas que hacía en la entrada anterior sobre la importancia de la cultura y de la educación para el desarrollo de los pueblos.

Me decía el coordinador del bibliobús que su pueblo es muy pobre y que él lo que quiere para su aldea es dinero y no una biblioteca. Una afirmación que nos tiene que hacer y pensar en muchos sentidos y no sólo desde un punto de vista. Desde luego, que quién voy a ser yo a poner en duda que hay casas mal construidas, que hay hambre, que no hay trabajo, que a veces hay inundaciones y ya los pueblos pobres se vuelven aún más pobres, que no hay agua potable. Sin duda, cuestiones básicas para vivir una vida digna.

Sin embargo, la cultura considerada algo más secundario, es lo que permite abrir otros caminos, no deshumanizarnos, crear y construir mejor mundo si los políticos, el capitalismo, el consumismo, la colonización y el extractivismo no acaban con él al generar más injusticia social y desigualdad.

En algunos pueblos me ha gustado escuchar como algún joven decía que había tenido que dejar de estudiar a causa de una inundación en 2009 pero que tenía ganas de continuar sus estudios, seguramente sabedor de que le podría esperar un futuro mejor. También una bibliotecaria comentaba que ella había terminado los estudios después de haberse casado algo también muy relevante teniendo en cuenta el rol que les toca a las mujeres y el machismo existente que está muy naturalizado, más concretamente el tema de las castas.

Es posible que estas bibliotecas sean un trampolín para que otro tipo de recursos o proyectos lleguen a sus pueblos y tampoco pasa nada. Seguramente podrán convivir y desarrollarse juntos y ver la necesidad  tanto de unas como de otros.

Larga vida a las bibliotecas (Patti Smith)

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Se me acaba el tiempo de estancia en India, me quedan tan sólo 10 días, que me temo que van a pasar volando y yo viendo que me estoy dejando en el tintero cosas que me gustaría compartir. Una que no querría pasar por alto, aunque la comparta a rasgos generales, es la de las bibliotecas.

No es que pueda decir que haya visitado muchas, para ser sinceras. La de Anantapur, los días que estuvimos allí.

Silvia y Pilar, de la Asociación Bibliobús Anantapur y dos de las coordinadoras, me contaron su trabajo de campo en diversas bibliotecas para conocer su idiosincrasia, configuración, concepto de la misma, etc. que les sirviera de apoyo a la puesta en marcha del proyecto en la región de Anantapur.

Mi propia visita, junto a Pilar, a la biblioteca de Anantapur es un ejemplo muy claro. Se trata de una biblioteca nueva, grande, financiada por la FVF. El edificio por fuera llama la atención con forma de libro abierto.

Nada más entrar, nos encontramos con una sala dedicada a la lectura de periódicos y llena de… sólo hombres que abandonan su lectura para fijar sin miramientos su vista en nosotras. ¿Qué hacen dos chicas y occidentales en la biblioteca? Ver la biblioteca. No parecen salir de su asombro y ha medida que avanzamos la bibliotecaria sentada en una mesa a la entrada se levanta y nos sigue.

Subimos arriba, para ver los libros y aquí la sorpresa es mayor si cabe, al menos para mí. Pilar ya sabía de esta situación.

Todas las estanterías, hasta arriba, hasta el techo, donde es imposible llegar, están llena de libros manoseados, usados hasta la saciedad. Casi parecía un lugar donde han ido a parar los libros que ya nadie quiere.

La segunda sorpresa es que los libros no tienen ningún tipo de tejuelo y en las estanterías no parece haber ninguna indicación de qué tipo de libros están colocados. ¿Cómo se colocan? ¿Cómo se encuentran? ¿Cómo se registran? ¿Se registran?

La tercera sorpresa es que si coges libros al azar son todos libros para exámenes, lo que allí se conoce como ‘competition books‘. Es decir, entienden (también lo comprobamos después por la insistencia o petición de comprar sobre todo este tipo de libros para la biblioteca) y usan la biblioteca para acceder a libros para estudiar exámenes para el acceso a un puesto gubernamental.

En ese mismo espacio había una sala de estudio, también llena de hombres, sólo una mujer, que también hicieron un descanso supongo para preguntarse qué demonios pintábamos allí. Al mismo tiempo, se había unido a la bibliotecaria de abajo otro hombre que nos acompañaba silenciosamente en nuestro menester. Todos estudiando para exámenes.

La última sala, era una sala con ordenadores, creo recordar que cerca de 20. Todos vacíos, todos apagados. Algunos teclados y sillas aún tenían el plástico protector (esto es bastante corriente a mi entender, para que no se estropee, ya que también he visto en una casa un reloj de pared colgado con el plástico y el colchón en que duermo mantenía todos los plásticos y cartones y envoltorios del momento de compra). Muy diferente de la situación que podríamos encontrar em cualquier biblioteca pública de España.

Y me vino a la cabeza el bibliotecario indio Ranganathan que estudiamos en la carrera. Ahí lo dejo.

A mí me da mucha pena y también rabia reducir el funcionamiento de una biblioteca a esto pero supongo que no podemos ser simplistas y hacer un análisis desde nuestra mirada occidental y de privilegio. En una zona pobre y con dificultades, con otra cultura y forma de entender y estar en la vida, posiblemente la prioridad sea conseguir un trabajo seguro en el gobierno y lo mejor pagado posible.

En cualquier caso, el proyecto bibliobús pretende que las bibliotecas en las aldeas y la biblioteca móvil sean algo más, unas herramientas que ayuden a entender las bibliotecas como organismos que ayudan a mejorar la vida personal y de una comunidad a través de la cultura y de la educación, muy necesarias para tener opinión crítica, ampliar miras y horizontes y tomar decisiones informadas, entre otras cuestiones.

La cultura no puede relegarse al último lugar, como algo prescindible. La cultura es necesaria para avanzar y tener mejores sociedades, mejor convivencia y más capacidad de relacionarnos con personas diferentes.

Esta tarde en Andalucía habrá manifestaciones convocadas por el movimiento feminista bajo el lema “Ni un paso atrás” para decisiones políticas. El objetivo es reivindicar los derechos de las mujeres y evitar la marcha atrás de los mismos tras la entrada de Vox en política. Estas manifestaciones serán apoyadas por otras tantas ciudades de España y algunas en el extranjero, como en Argentina.

Seguiré lo que suceda desde Adoni, día festivo en el calendario. Hoy se celebra el Pongal una festividad famosa en el sur de India. Dura cuatro días y coincide con el viaje del sol hacia el norte. Se celebra para agradecer las cosechas y “abrir las puertas a nuevas oportunidades” y que me lleva a pensar también en la lucha de las mujeres indias por la igualdad.

Las movilizaciones de las mujeres en distintos lugares de la India también han sido numerosas. Desde el grupo de mujeres que intenta sabotear las bodas infantiles concertadas, hasta los movimientos que han reivindicado que las mujeres puedan entrar a los templos a pesar de tener la regla.

Segun la Fundación Vicente Ferrer, el 80 % de los matrimonios en la India son concertados y aunque la legislación prohíbe la dote desde 1961, sigue funcionando. También sigue vigente el abandono social que sufren las mujeres viudas, los maltratos, violaciones (muchas veces se les obliga a casarse con su violador), abusos sexuales, económicos o de cualquier tipo que sufren las mujeres independiente de su clase social o la casta a la que pertenecen (siguen teniéndose en cuenta en la sociedad a pesar de su prohibición).

En mi estancia aquí, he visto por ejemplo que las mujeres siguen estando separadas de los hombres. En un pueblo donde se había instalado una carpa para la actividad que íbamos a realizar, todos los hombres estaban sentados dentro de ella y las mujeres fuera. En todos los pueblos que hemos visitado, salvo uno, las mujeres siempre estaban colocadas en la parte de atrás y casi nunca tomaban la palabra.

En general, por lo que hemos visto, las bibliotecarias son mas cuidadosas con el trabajo y a algunas de ellas se les ve con capacidad de liderazago. Esperemos que el por el hecho de ser mujeres y vivir en el ambito rural no se le cierren las oportunidades y derechos que les corresponde como seres humanos ni se les reste valor a su trabajo, aqui ni en ningún lugar del mundo.

Tambien nos llevaron a la entrega de bicicletas para niños y niñas que servirán para evitar que recorran a pie los numerosos kilometros que les separan de la escuela y prevenir el abandono temprano de los estudios. En el caso de las niñas, esas bicicletas además aumentan su seguridad ya que muchas son violadas de camino al colegio.

Solo queda decir: Ni un paso atrás en ningún lugar del mundo. Cosechemos libertad para las mujeres.

ALGUNOS ART’ÍCULOS
Las mujeres que nunca llamaron a sus maridos por su nombre
Las destrozabodas
Las primeras mujeres en entrar a un templo en la India
Primer periódico editado y escrito sólo por mujeres
Una bicicleta, un pasaporte para que las niñas sigan estudiando

Un día cualquiera de enero

Publicado: 14 de enero de 2019 en Cultura, Documentación, Generales
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Hoy es domingo, el día de descanso de la semana laboral así que aprovecho para escribir con más calma y confiando en que la wifi me deje hacerlo sin estrés.

Me levanto a las 5.30 o 6 de la mañana. Es la única hora a la que puedo descargar relativamente rápido la app educativa para las tablets que llevará el bibliobús y las que tendrán las bibliotecas de aldea.

A veces, me despierto con la alarma del móvil, otras veces, me despiertan las bocinas de los rickshaws, camiones, bicicletas o motos que anuncian que ya ha entrado en funcionamiento la ciudad. Alguna vez también me despiertan los ladridos de un grupo de perros que no se qué probleman tienen todas las mañanas a la misma hora.

Sobre las 8 ya es imposible continuar descargando nada de Internet, así que dejo las tablets y me visto y preparo el desayuno. Me ducho por las noches porque vuelvo llena de polvo y porque, aunque no soy alérgica, tal cantidad sí me la producido una reacción fuerte aquí. Varias noches no he dormido porque no podía respirar ni tragar.

Suelo tomar leche con Cola-cao (que he traído de España), unas tostadas y un plátano. Reconozco que hay días que echo enormemente de menos el bizcocho de zanahoria que hace mi padre o las ricas magdalenas artesanas que compro de vez en cuando en una panadería de Humanes. Normalmente, también a media mañana en el pueblo en el que nos encontramos me ofrecen un té con leche de búfala. Ya me he acostumbrado a lo dulce, muy dulce, que sabe esta bebida, es casi como estar tomando azúcar pura.

Antes de irme, he cogido la rutina de asomarme al porche a ver si está la mamá cerda con sus cerditos. Es una familia que viene a buscar comida y a dormir en el terreno que hay al lado de la casa. Cada casa tiene un espacio de tierra que se utiliza como basurero. Es decir, yo me ocupo en echar la basura que genero en una bolsa y es posible que cuando vienen a limpiar la casa, si bajara al terreno encontraría mi basura ahí esparcida, Es habitual hacer esto.

Todos los días visitamos dos aldeas. A las 9.30 me viene a recoger un conductor en un 4×4 y de camino recogemos al ‘team leader’ y otras personas que suelen acompañarme y traducirme del inglés al telugu y viceversa.

En la aldea, nos encontramos con la bibliotecaria que nos muestra el trabajo realizado en la biblioteca (ya dedicaré un post a las bibliotecas en la India). Yo tomo nota de lo que está bien y de lo que se puede mejorar e intento preguntarle para que me dé su opinion o me haga sugerencias o propuestas. Cuesta muchísimo que respondan a preguntas abiertas, que se expresen, se quedan bloqueados y no saben qué contestar.

Normalmente, me dicen que están felices, así que pienso que están de alguno modo ‘adiestradas’ para decir eso. La enseñanza es una enseñanza muy a la vieja usanza, con pocas motivaciones y poco pensamiento creativo y crítico.

Aparte de la bibliotecaria siempre suele venir al encuentro algún maestro del pueblo o muchos niños y niñas que miran expectantes. En cuanto la primera se atreve a saludar o a preguntarme el nombre o darme la mano, ya hay una avalancha de manitas pequeñas y dientes blancos sonrientes alrededor de mí. Me tengo que armar de paciencia para hacerme fotos en grupo, fotos individuales, selfies y saludarles dos, tres y hasta cuatro veces.

Esta semana, hemos estado comiendo en el segundo de los pueblos que hemos visitado. La madre del bibliotecario o bibliotecaria nos prepara comida y comemos o bien en el suelo de la biblioteca o bien en la casa de su familia. Cuando hay sillas, me sientan a mí en una y ellos se ponen a comer en el suelo. Nos ha pasado en varias ocasiones. Yo me siento incómoda, no sé cómo reaccionar ante estas situaciones. Evidemente lo hacen para que estemos más cómodas pero a mí me da igual comer en el suelo. Me ha costado algo más aprender a comer sin cubiertos, y solo con una mano, la derecha ya que no utilizan la izquierda por considerarla impura.

Cuando terminamos la comida, me traen de vuelta a Adoni, el ‘field office’ en el que estoy viviendo este mes. Aprovecho las tardes para preparar si es necesario lo que necesito para el día siguiente o algunas de las formaciones que tengo que dar. Si me sobra tiempo escribo en el diario y en el blog y alguna entrada en la pagina del bibliobús para dar difusion al proyecto. Tambien si alguien ha tenido a bien acordarse de mi ;-p respondo los Whatsapp. Ahora que llevo dos días resfriada, dolor de cabeza y mal cuerpo me apetece más hablar en castellano y tener mimos.

No suelo cenar porque vengo con la barriga muy llena de la comida. Basha, una de las personas que me acompañan dice que como poco (que quizas si lo comparo con la cantidad de arroz que comen ellos puede que sea cierto) pero yo veo que cualquier día voy a reventar. Suelo comer dos chapatis con algo de arroz o verduras y dos bananas. Son muy amables porque me preparan la comida sin picante. Ya la hemos comido en algún restaurante porque no había alternativa y un cantidad pequeña la puedo soportar, más no.

Estoy leyendo menos de lo que pensaba. Finalmente me traje Diario rural de Susan Fenimore. He avanzado poco, sólo llevo unas cien paginas. Ayer decidí empezar Prostitutes Narratives, en inglés. Ha sido un acto reflejo al comprobar que me cuesta entender el inglés que hablan en India. Tiene palabras diferentes, tanto a la hora de escribir como de pronunciar y además tienen un acento muy cerrado. Para que os hagáis una idea 3 es ‘Tri’ (así se escribe y se pronuncia) y me esta creando inseguridad a la hora de comunicarme con ellos. Que entendernos nos entendemos finalmente porque aquí sigo pero me agobia un poco.

Me acuesto pronto, por eso de que tengo que madrugar por lo que aquí termina esta entrada de un día cualquiera de este mes de enero de 2019. Un mes especial.

Los colores de la India

Publicado: 12 de enero de 2019 en Cultura, Generales
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¿Sabes que va a captar tu atencion cuando visitas un país? ¿Estamos condicionadas por los estereotipos o los comentarios sobre cada sociedad y cultura? ¿Somos capaces de percibir mediante nuestros propios sentidos? ¿Cómo influye estar atravesadas por nuestra propia cultura, nuestra propia experiencia y nuestra forma de posicionarnos en el mundo?

Quizás no se puede reducir la India a sus colores. Yo, poco amiga de los lugares comunes, me quedo con la vista que es, sin lugar a dudas, el sentido más utilizado para percibir, sentir, describir y empaparnos de lo que nos rodea y, por tanto, un lugar común que deja aparte otros sentidos como el olfato, el tacto o el gusto.

Pero me doy permiso para hacer esta excepción que es lo que disfruto cada día que me desplazo para visitar las bibliotecas de las 16 aldeas del proyecto.

Hay color en las flores, adornos y pinturas de los camiones que además llevan luces rojas, azules, verdes.

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En las luces de la casa donde me alojo, una en cada esquina de la sala principal y cada una de un color (roja, azul, verde, amarilla)

En los rangolis que dibujan en las entradas de la casa.

En los saris de las mujeres.

En la ropa tendida al sol sobre los campos de algodón.

En los puestos de verduras.

En los cuernos de las búfalas pintados de azul o de verde.

En el contraste entre el marrón de las rocosas montañas y el verde de los arrozales.img_20190102_135847

En los montículos de guindillas recogidas tras un duro día trabajando en el campo.

En los botijos de colores para el agua que cargan las mujeres, las furgonetas o las motos.

En las fachadas moradas, rosas y verdes de las casas de los pueblos.

En los puestos callejeros de flores.

En los puestos donde se encuentran pirámides perfectas de manzanas, bananas, naranjas y kiwis.

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En los platos de comida.

En las especias de miles de colores que recogen en pequeños cuencos.

Que pasaria ahora si les pusieramos sonido a los colores?