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Un día cualquiera de enero

Publicado: 14 de enero de 2019 en Cultura, Documentación, Generales
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Hoy es domingo, el día de descanso de la semana laboral así que aprovecho para escribir con más calma y confiando en que la wifi me deje hacerlo sin estrés.

Me levanto a las 5.30 o 6 de la mañana. Es la única hora a la que puedo descargar relativamente rápido la app educativa para las tablets que llevará el bibliobús y las que tendrán las bibliotecas de aldea.

A veces, me despierto con la alarma del móvil, otras veces, me despiertan las bocinas de los rickshaws, camiones, bicicletas o motos que anuncian que ya ha entrado en funcionamiento la ciudad. Alguna vez también me despiertan los ladridos de un grupo de perros que no se qué probleman tienen todas las mañanas a la misma hora.

Sobre las 8 ya es imposible continuar descargando nada de Internet, así que dejo las tablets y me visto y preparo el desayuno. Me ducho por las noches porque vuelvo llena de polvo y porque, aunque no soy alérgica, tal cantidad sí me la producido una reacción fuerte aquí. Varias noches no he dormido porque no podía respirar ni tragar.

Suelo tomar leche con Cola-cao (que he traído de España), unas tostadas y un plátano. Reconozco que hay días que echo enormemente de menos el bizcocho de zanahoria que hace mi padre o las ricas magdalenas artesanas que compro de vez en cuando en una panadería de Humanes. Normalmente, también a media mañana en el pueblo en el que nos encontramos me ofrecen un té con leche de búfala. Ya me he acostumbrado a lo dulce, muy dulce, que sabe esta bebida, es casi como estar tomando azúcar pura.

Antes de irme, he cogido la rutina de asomarme al porche a ver si está la mamá cerda con sus cerditos. Es una familia que viene a buscar comida y a dormir en el terreno que hay al lado de la casa. Cada casa tiene un espacio de tierra que se utiliza como basurero. Es decir, yo me ocupo en echar la basura que genero en una bolsa y es posible que cuando vienen a limpiar la casa, si bajara al terreno encontraría mi basura ahí esparcida, Es habitual hacer esto.

Todos los días visitamos dos aldeas. A las 9.30 me viene a recoger un conductor en un 4×4 y de camino recogemos al ‘team leader’ y otras personas que suelen acompañarme y traducirme del inglés al telugu y viceversa.

En la aldea, nos encontramos con la bibliotecaria que nos muestra el trabajo realizado en la biblioteca (ya dedicaré un post a las bibliotecas en la India). Yo tomo nota de lo que está bien y de lo que se puede mejorar e intento preguntarle para que me dé su opinion o me haga sugerencias o propuestas. Cuesta muchísimo que respondan a preguntas abiertas, que se expresen, se quedan bloqueados y no saben qué contestar.

Normalmente, me dicen que están felices, así que pienso que están de alguno modo ‘adiestradas’ para decir eso. La enseñanza es una enseñanza muy a la vieja usanza, con pocas motivaciones y poco pensamiento creativo y crítico.

Aparte de la bibliotecaria siempre suele venir al encuentro algún maestro del pueblo o muchos niños y niñas que miran expectantes. En cuanto la primera se atreve a saludar o a preguntarme el nombre o darme la mano, ya hay una avalancha de manitas pequeñas y dientes blancos sonrientes alrededor de mí. Me tengo que armar de paciencia para hacerme fotos en grupo, fotos individuales, selfies y saludarles dos, tres y hasta cuatro veces.

Esta semana, hemos estado comiendo en el segundo de los pueblos que hemos visitado. La madre del bibliotecario o bibliotecaria nos prepara comida y comemos o bien en el suelo de la biblioteca o bien en la casa de su familia. Cuando hay sillas, me sientan a mí en una y ellos se ponen a comer en el suelo. Nos ha pasado en varias ocasiones. Yo me siento incómoda, no sé cómo reaccionar ante estas situaciones. Evidemente lo hacen para que estemos más cómodas pero a mí me da igual comer en el suelo. Me ha costado algo más aprender a comer sin cubiertos, y solo con una mano, la derecha ya que no utilizan la izquierda por considerarla impura.

Cuando terminamos la comida, me traen de vuelta a Adoni, el ‘field office’ en el que estoy viviendo este mes. Aprovecho las tardes para preparar si es necesario lo que necesito para el día siguiente o algunas de las formaciones que tengo que dar. Si me sobra tiempo escribo en el diario y en el blog y alguna entrada en la pagina del bibliobús para dar difusion al proyecto. Tambien si alguien ha tenido a bien acordarse de mi ;-p respondo los Whatsapp. Ahora que llevo dos días resfriada, dolor de cabeza y mal cuerpo me apetece más hablar en castellano y tener mimos.

No suelo cenar porque vengo con la barriga muy llena de la comida. Basha, una de las personas que me acompañan dice que como poco (que quizas si lo comparo con la cantidad de arroz que comen ellos puede que sea cierto) pero yo veo que cualquier día voy a reventar. Suelo comer dos chapatis con algo de arroz o verduras y dos bananas. Son muy amables porque me preparan la comida sin picante. Ya la hemos comido en algún restaurante porque no había alternativa y un cantidad pequeña la puedo soportar, más no.

Estoy leyendo menos de lo que pensaba. Finalmente me traje Diario rural de Susan Fenimore. He avanzado poco, sólo llevo unas cien paginas. Ayer decidí empezar Prostitutes Narratives, en inglés. Ha sido un acto reflejo al comprobar que me cuesta entender el inglés que hablan en India. Tiene palabras diferentes, tanto a la hora de escribir como de pronunciar y además tienen un acento muy cerrado. Para que os hagáis una idea 3 es ‘Tri’ (así se escribe y se pronuncia) y me esta creando inseguridad a la hora de comunicarme con ellos. Que entendernos nos entendemos finalmente porque aquí sigo pero me agobia un poco.

Me acuesto pronto, por eso de que tengo que madrugar por lo que aquí termina esta entrada de un día cualquiera de este mes de enero de 2019. Un mes especial.

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