Posts etiquetados ‘India’

Tres semanas en Adoni

Publicado: 24 de enero de 2019 en Cultura
Etiquetas:, , ,

Siento saltamontes en el estómago. Hoy es mi último día en Adoni, el field office, en el que me he alojado y desde dónde me he desplazado a los diferentes pueblos. Y siento, como ya dije que se me quedan muchas cosas dentro. Quizás por un lado, sea positivo. Una forma de asimilarlas y pensarlas y repensarlas con calma, tanto lo que he visto, lo que me han contado cómo lo que he vivido.

Adoni es una ciudad el distrito de Kurnool de más de 160.000 habitantes. Lo que sé de ella es que tiene una fortaleza y que se habla telugu, como en toda esta región de la India. La mayoría de lo que conozco es lo que he visto desde el coche. Me llevan a todos los sitios hasta la puerta, tampoco puedo ir sola, no es que me lo hayan prohibido pero parece algo implícito, entre otras cosas porque para cualquier cosa que necesitas me lo traen o lo compran ellos. No es una zona turística, soy la única persona occidental y entiendo que este tipo de precauciones se tienen en los voluntariados.

Una de las cosas que más me agobió al llegar a Bangalore y más concretamente por esta zona de pueblos por donde me he movido es el tráfico. Me tenía aturdida tanto por la contaminación acústica como por la cantidad de coches, personas y animales circulando por el mismo sitio. Tan descolocada estaba que el primer día que llegamos paramos a hacer unas compras y al volver, me subí a un coche equivocado. Amablemente a gritos el conductor del mismo me invitó a bajar (o me obligó no sé muy bien) y a indicarme también amablemente a gritos que mi coche era el de delante. Pues eso, que en cualquier caso no sé si me veía yo sola caminando o pensando en salir en ir algún sitio.

En cualquier caso, al final observando mucho he llegado a encontrar orden en este caos aparente de la conducción y quizás cierta osadía al pensar que no sería tan horroroso conducir. Las normas de conducción aquí son: un buen claxon, un buen freno y que la providencia te acompañe. Me gusta sobre todo porque nadie se estresa y no hay apenas accidentes e incluso la ternera que mamá de su madre en mitad de la carretera o el que se para tranquilamente en mitad del asfalto dios sabe a qué, salen bien parados. Aunque no voy a negar que más de una vez he cerrado los ojos pensando que era el fin. Pero no. Lo tienen todo controlado.

Cuando conseguía abstraerme de la conducción me fijaba en el paisaje. Me gustaban sus contrastes. Sus montañas hechas a base de grandes piedras que parecían caramelos gigantes unos sobre otros, el verde de los arrozales junto a los campos rojos de guindillas que lograban engatusar mi vista. Y pensaba esto y me sentía banal y con el surgir de la mirada de turista occidental, al ser consciente de que ese paisaje que me maravillaba estaba lleno de mujeres y niñas que caminaban para ir seguramente a trabajar una dura jornada a algunos de los campos que acaba de dejar atrás, de señoras que tienen en el arcén su manta con una montaña de sandías, de agricultores o pastores que seguramente trabajan duro y muchas veces no tienen para vivir porque es una zona pobre con problemas de agua potable, con las sequías o las inundaciones, con dificultad para vivir en general en buenas condiciones y tener buena salud.

Y tengo muchos momentos y emociones que me revolotean alrededor como gata mimosa y que me llevo conmigo para leerlos con más detenimiento, para entenderlos, por qué surgen y a dónde me llevan. Que sale de mí y qué entra en mí. Me interesa saber qué he dado y desde dónde. Qué he aprendido y cómo y con qué fin. Si he sido capaz de no ponerme por encima por ser una persona blanca occidental con privilegios.

Ayer empezaron algunas despedidas, con emociones y tristezas, con un no me olvides y lágrimas en los ojos. ¿Será que los occidentales vamos a cumplir un supuesto de ideal de ser solidarios con otros pero en el fondo sólo pretendemos subirnos el ego? ¿Quizás los países con menos recursos o expoliados se sienten abandonados? ¿Cómo es posible una desigualdad tan brutal?

También me llevo un incidente dentro de la casa que me hizo sentir realmente incómoda y que tenía miedo de que empañara mi estancia aquí. Afortunadamente no ha sido así. Y también sería injusto porque lo cierto es que me he sentido muy bien acogida y tratada, con mucha cordialidad y hospitalidad que no olvidaré, por supuesto.

Mañana regreso al campus de Anantapur y antes de volver a España espero poder visitar algunos de los otros proyectos que tiene en marcha la Fundación Vicente Ferrer.

Pero no voy a pensar aún en mañana. Hoy me siento especialmente bien. Ha sido un día de esos que fluyen. No sé si también he empezado bien la mañana debido a este fantástico saludo de Silvia, una de las coordinadoras del grupo, que a lo largo de la mañana se me ha ido metiendo en el cuerpo:

Buenos días Noelia. El tiempo y el espacio no existen. Te deseo que este jueves y el lugar en el que estás se expandan dentro de ti como instante eterno de disfrute y entrega.

Son palabras que aún palpitan dentro de mí y que creo que ya me acompañarán hasta el final de este viaje por lo menos.

El proyecto que puso en marcha la Asociación Bibliobús Anantapur hace algo así como un año y medio consta de varias líneas de trabajo que han ido tomando formando y adaptándose a la realidad encontrada.

En muchas ocasiones, por no decir siempre, surge una idea inicial de trabajo que va moldeándose como el barro en el torno, sin llegar quizás a tomar una forma definitiva. El éxito de un proyecto depende de su capacidad de flexibilidad y de adaptación al entorno y a las personas a las que se dirige.

Así ha ocurrido con este proyecto, que está compuesto de las siguientes patas:

1. Bibliobús. Se ha comprado una furgoneta que se está acondicionando por dentro para que sea el bibliobús que recorra las 16 aldeas del proyecto. Seguramente también dé servicios a colegios que al enterarse de su próximo funcionamiento han solicitado poder hacer uso de él. Este acondicionamiento se está realizando por personas con diversidad funcional, que están dentro de otro proyecto de la Fundación Vicente Ferrer. Así que dos proyectos diferentes están generando sinergias y beneficiándose mutuamente.

2. Bibliotecas en las aldeas. Comenzaron participando 8 aldeas a las que se unieron posteriormente otras 8 que ya tienen también su biblioteca. Es una biblioteca modesta conformada por un armario con 300 títulos. No está mal si partimos de que estos pueblos están en la zona con mayor índice de analfabetismo de la India.

Desde el comienzo del proyecto tanto las coordinadoras como voluntarias han estado dando formación básica bibliotecaria a las personas seleccionadas en cada pueblo para desempeñar el puesto de trabajo y que de esta manera adquieran autonomía. Se ha enseñado el registro de libros y el sistema de clasificación, el tejuelado y la ordenación y el sistema de préstamo. También han recibido formación en técnicas de animación a la lectura y lo harán en nuevas tecnologías y en habilidades básicas de alfabetización.

3. Historias de nuestro pueblo. Le dedicamos un post específico a esta actividad colectiva y colaborativa que tiene como fin un proyecto editorial de un libro en telugu, inglés y castellano.

Un trabajo muy llevado a cabo y exitoso porque creo que es difícil la implantación de un proyecto que esté funcionando en tan poco tiempo y que además la comunidad lo sienta como suyo y se vuelque con él.

En este sentido, retomo las reflexiones rápidas que hacía en la entrada anterior sobre la importancia de la cultura y de la educación para el desarrollo de los pueblos.

Me decía el coordinador del bibliobús que su pueblo es muy pobre y que él lo que quiere para su aldea es dinero y no una biblioteca. Una afirmación que nos tiene que hacer y pensar en muchos sentidos y no sólo desde un punto de vista. Desde luego, que quién voy a ser yo a poner en duda que hay casas mal construidas, que hay hambre, que no hay trabajo, que a veces hay inundaciones y ya los pueblos pobres se vuelven aún más pobres, que no hay agua potable. Sin duda, cuestiones básicas para vivir una vida digna.

Sin embargo, la cultura considerada algo más secundario, es lo que permite abrir otros caminos, no deshumanizarnos, crear y construir mejor mundo si los políticos, el capitalismo, el consumismo, la colonización y el extractivismo no acaban con él al generar más injusticia social y desigualdad.

En algunos pueblos me ha gustado escuchar como algún joven decía que había tenido que dejar de estudiar a causa de una inundación en 2009 pero que tenía ganas de continuar sus estudios, seguramente sabedor de que le podría esperar un futuro mejor. También una bibliotecaria comentaba que ella había terminado los estudios después de haberse casado algo también muy relevante teniendo en cuenta el rol que les toca a las mujeres y el machismo existente que está muy naturalizado, más concretamente el tema de las castas.

Es posible que estas bibliotecas sean un trampolín para que otro tipo de recursos o proyectos lleguen a sus pueblos y tampoco pasa nada. Seguramente podrán convivir y desarrollarse juntos y ver la necesidad  tanto de unas como de otros.

Larga vida a las bibliotecas (Patti Smith)

Se me acaba el tiempo de estancia en India, me quedan tan sólo 10 días, que me temo que van a pasar volando y yo viendo que me estoy dejando en el tintero cosas que me gustaría compartir. Una que no querría pasar por alto, aunque la comparta a rasgos generales, es la de las bibliotecas.

No es que pueda decir que haya visitado muchas, para ser sinceras. La de Anantapur, los días que estuvimos allí.

Silvia y Pilar, de la Asociación Bibliobús Anantapur y dos de las coordinadoras, me contaron su trabajo de campo en diversas bibliotecas para conocer su idiosincrasia, configuración, concepto de la misma, etc. que les sirviera de apoyo a la puesta en marcha del proyecto en la región de Anantapur.

Mi propia visita, junto a Pilar, a la biblioteca de Anantapur es un ejemplo muy claro. Se trata de una biblioteca nueva, grande, financiada por la FVF. El edificio por fuera llama la atención con forma de libro abierto.

Nada más entrar, nos encontramos con una sala dedicada a la lectura de periódicos y llena de… sólo hombres que abandonan su lectura para fijar sin miramientos su vista en nosotras. ¿Qué hacen dos chicas y occidentales en la biblioteca? Ver la biblioteca. No parecen salir de su asombro y ha medida que avanzamos la bibliotecaria sentada en una mesa a la entrada se levanta y nos sigue.

Subimos arriba, para ver los libros y aquí la sorpresa es mayor si cabe, al menos para mí. Pilar ya sabía de esta situación.

Todas las estanterías, hasta arriba, hasta el techo, donde es imposible llegar, están llena de libros manoseados, usados hasta la saciedad. Casi parecía un lugar donde han ido a parar los libros que ya nadie quiere.

La segunda sorpresa es que los libros no tienen ningún tipo de tejuelo y en las estanterías no parece haber ninguna indicación de qué tipo de libros están colocados. ¿Cómo se colocan? ¿Cómo se encuentran? ¿Cómo se registran? ¿Se registran?

La tercera sorpresa es que si coges libros al azar son todos libros para exámenes, lo que allí se conoce como ‘competition books‘. Es decir, entienden (también lo comprobamos después por la insistencia o petición de comprar sobre todo este tipo de libros para la biblioteca) y usan la biblioteca para acceder a libros para estudiar exámenes para el acceso a un puesto gubernamental.

En ese mismo espacio había una sala de estudio, también llena de hombres, sólo una mujer, que también hicieron un descanso supongo para preguntarse qué demonios pintábamos allí. Al mismo tiempo, se había unido a la bibliotecaria de abajo otro hombre que nos acompañaba silenciosamente en nuestro menester. Todos estudiando para exámenes.

La última sala, era una sala con ordenadores, creo recordar que cerca de 20. Todos vacíos, todos apagados. Algunos teclados y sillas aún tenían el plástico protector (esto es bastante corriente a mi entender, para que no se estropee, ya que también he visto en una casa un reloj de pared colgado con el plástico y el colchón en que duermo mantenía todos los plásticos y cartones y envoltorios del momento de compra). Muy diferente de la situación que podríamos encontrar em cualquier biblioteca pública de España.

Y me vino a la cabeza el bibliotecario indio Ranganathan que estudiamos en la carrera. Ahí lo dejo.

A mí me da mucha pena y también rabia reducir el funcionamiento de una biblioteca a esto pero supongo que no podemos ser simplistas y hacer un análisis desde nuestra mirada occidental y de privilegio. En una zona pobre y con dificultades, con otra cultura y forma de entender y estar en la vida, posiblemente la prioridad sea conseguir un trabajo seguro en el gobierno y lo mejor pagado posible.

En cualquier caso, el proyecto bibliobús pretende que las bibliotecas en las aldeas y la biblioteca móvil sean algo más, unas herramientas que ayuden a entender las bibliotecas como organismos que ayudan a mejorar la vida personal y de una comunidad a través de la cultura y de la educación, muy necesarias para tener opinión crítica, ampliar miras y horizontes y tomar decisiones informadas, entre otras cuestiones.

La cultura no puede relegarse al último lugar, como algo prescindible. La cultura es necesaria para avanzar y tener mejores sociedades, mejor convivencia y más capacidad de relacionarnos con personas diferentes.

Un día cualquiera de enero

Publicado: 14 de enero de 2019 en Cultura, Documentación, Generales
Etiquetas:, , ,

Hoy es domingo, el día de descanso de la semana laboral así que aprovecho para escribir con más calma y confiando en que la wifi me deje hacerlo sin estrés.

Me levanto a las 5.30 o 6 de la mañana. Es la única hora a la que puedo descargar relativamente rápido la app educativa para las tablets que llevará el bibliobús y las que tendrán las bibliotecas de aldea.

A veces, me despierto con la alarma del móvil, otras veces, me despiertan las bocinas de los rickshaws, camiones, bicicletas o motos que anuncian que ya ha entrado en funcionamiento la ciudad. Alguna vez también me despiertan los ladridos de un grupo de perros que no se qué probleman tienen todas las mañanas a la misma hora.

Sobre las 8 ya es imposible continuar descargando nada de Internet, así que dejo las tablets y me visto y preparo el desayuno. Me ducho por las noches porque vuelvo llena de polvo y porque, aunque no soy alérgica, tal cantidad sí me la producido una reacción fuerte aquí. Varias noches no he dormido porque no podía respirar ni tragar.

Suelo tomar leche con Cola-cao (que he traído de España), unas tostadas y un plátano. Reconozco que hay días que echo enormemente de menos el bizcocho de zanahoria que hace mi padre o las ricas magdalenas artesanas que compro de vez en cuando en una panadería de Humanes. Normalmente, también a media mañana en el pueblo en el que nos encontramos me ofrecen un té con leche de búfala. Ya me he acostumbrado a lo dulce, muy dulce, que sabe esta bebida, es casi como estar tomando azúcar pura.

Antes de irme, he cogido la rutina de asomarme al porche a ver si está la mamá cerda con sus cerditos. Es una familia que viene a buscar comida y a dormir en el terreno que hay al lado de la casa. Cada casa tiene un espacio de tierra que se utiliza como basurero. Es decir, yo me ocupo en echar la basura que genero en una bolsa y es posible que cuando vienen a limpiar la casa, si bajara al terreno encontraría mi basura ahí esparcida, Es habitual hacer esto.

Todos los días visitamos dos aldeas. A las 9.30 me viene a recoger un conductor en un 4×4 y de camino recogemos al ‘team leader’ y otras personas que suelen acompañarme y traducirme del inglés al telugu y viceversa.

En la aldea, nos encontramos con la bibliotecaria que nos muestra el trabajo realizado en la biblioteca (ya dedicaré un post a las bibliotecas en la India). Yo tomo nota de lo que está bien y de lo que se puede mejorar e intento preguntarle para que me dé su opinion o me haga sugerencias o propuestas. Cuesta muchísimo que respondan a preguntas abiertas, que se expresen, se quedan bloqueados y no saben qué contestar.

Normalmente, me dicen que están felices, así que pienso que están de alguno modo ‘adiestradas’ para decir eso. La enseñanza es una enseñanza muy a la vieja usanza, con pocas motivaciones y poco pensamiento creativo y crítico.

Aparte de la bibliotecaria siempre suele venir al encuentro algún maestro del pueblo o muchos niños y niñas que miran expectantes. En cuanto la primera se atreve a saludar o a preguntarme el nombre o darme la mano, ya hay una avalancha de manitas pequeñas y dientes blancos sonrientes alrededor de mí. Me tengo que armar de paciencia para hacerme fotos en grupo, fotos individuales, selfies y saludarles dos, tres y hasta cuatro veces.

Esta semana, hemos estado comiendo en el segundo de los pueblos que hemos visitado. La madre del bibliotecario o bibliotecaria nos prepara comida y comemos o bien en el suelo de la biblioteca o bien en la casa de su familia. Cuando hay sillas, me sientan a mí en una y ellos se ponen a comer en el suelo. Nos ha pasado en varias ocasiones. Yo me siento incómoda, no sé cómo reaccionar ante estas situaciones. Evidemente lo hacen para que estemos más cómodas pero a mí me da igual comer en el suelo. Me ha costado algo más aprender a comer sin cubiertos, y solo con una mano, la derecha ya que no utilizan la izquierda por considerarla impura.

Cuando terminamos la comida, me traen de vuelta a Adoni, el ‘field office’ en el que estoy viviendo este mes. Aprovecho las tardes para preparar si es necesario lo que necesito para el día siguiente o algunas de las formaciones que tengo que dar. Si me sobra tiempo escribo en el diario y en el blog y alguna entrada en la pagina del bibliobús para dar difusion al proyecto. Tambien si alguien ha tenido a bien acordarse de mi ;-p respondo los Whatsapp. Ahora que llevo dos días resfriada, dolor de cabeza y mal cuerpo me apetece más hablar en castellano y tener mimos.

No suelo cenar porque vengo con la barriga muy llena de la comida. Basha, una de las personas que me acompañan dice que como poco (que quizas si lo comparo con la cantidad de arroz que comen ellos puede que sea cierto) pero yo veo que cualquier día voy a reventar. Suelo comer dos chapatis con algo de arroz o verduras y dos bananas. Son muy amables porque me preparan la comida sin picante. Ya la hemos comido en algún restaurante porque no había alternativa y un cantidad pequeña la puedo soportar, más no.

Estoy leyendo menos de lo que pensaba. Finalmente me traje Diario rural de Susan Fenimore. He avanzado poco, sólo llevo unas cien paginas. Ayer decidí empezar Prostitutes Narratives, en inglés. Ha sido un acto reflejo al comprobar que me cuesta entender el inglés que hablan en India. Tiene palabras diferentes, tanto a la hora de escribir como de pronunciar y además tienen un acento muy cerrado. Para que os hagáis una idea 3 es ‘Tri’ (así se escribe y se pronuncia) y me esta creando inseguridad a la hora de comunicarme con ellos. Que entendernos nos entendemos finalmente porque aquí sigo pero me agobia un poco.

Me acuesto pronto, por eso de que tengo que madrugar por lo que aquí termina esta entrada de un día cualquiera de este mes de enero de 2019. Un mes especial.

Los colores de la India

Publicado: 12 de enero de 2019 en Cultura, Generales
Etiquetas:, ,

¿Sabes que va a captar tu atencion cuando visitas un país? ¿Estamos condicionadas por los estereotipos o los comentarios sobre cada sociedad y cultura? ¿Somos capaces de percibir mediante nuestros propios sentidos? ¿Cómo influye estar atravesadas por nuestra propia cultura, nuestra propia experiencia y nuestra forma de posicionarnos en el mundo?

Quizás no se puede reducir la India a sus colores. Yo, poco amiga de los lugares comunes, me quedo con la vista que es, sin lugar a dudas, el sentido más utilizado para percibir, sentir, describir y empaparnos de lo que nos rodea y, por tanto, un lugar común que deja aparte otros sentidos como el olfato, el tacto o el gusto.

Pero me doy permiso para hacer esta excepción que es lo que disfruto cada día que me desplazo para visitar las bibliotecas de las 16 aldeas del proyecto.

Hay color en las flores, adornos y pinturas de los camiones que además llevan luces rojas, azules, verdes.

img_20181231_131411

En las luces de la casa donde me alojo, una en cada esquina de la sala principal y cada una de un color (roja, azul, verde, amarilla)

En los rangolis que dibujan en las entradas de la casa.

En los saris de las mujeres.

En la ropa tendida al sol sobre los campos de algodón.

En los puestos de verduras.

En los cuernos de las búfalas pintados de azul o de verde.

En el contraste entre el marrón de las rocosas montañas y el verde de los arrozales.img_20190102_135847

En los montículos de guindillas recogidas tras un duro día trabajando en el campo.

En los botijos de colores para el agua que cargan las mujeres, las furgonetas o las motos.

En las fachadas moradas, rosas y verdes de las casas de los pueblos.

En los puestos callejeros de flores.

En los puestos donde se encuentran pirámides perfectas de manzanas, bananas, naranjas y kiwis.

img_20190104_103208

En los platos de comida.

En las especias de miles de colores que recogen en pequeños cuencos.

Que pasaria ahora si les pusieramos sonido a los colores?